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Convivencia escolar: el compromiso de Colegio Akros

Recién finalizado el Mes de la Convivencia Escolar, conversamos con Ms. Macarena Abarca, Coordinadora del Área de Formación, para recordarnos que en Colegio Akros la convivencia no se trabaja un mes al año: se construye todos los días.

¿Cómo vive Colegio Akros la convivencia escolar?

Con convicción y con alegría. La convivencia no se improvisa: se construye, se cuida y se sostiene todos los días, con intencionalidad, con trabajo y con una comunidad comprometida. Llevo 14 años trabajando en esta comunidad, y doy fe que hemos ido logrando una cultura de convivencia positiva, que trasciende las personas, las particularidades, las circunstancias. Se trata de nuestro sello, de una identidad grupal que convive sanamente. Y no se trata de que no tengamos problemas, sino que comprendemos que el problema también es parte del aprendizaje y una experiencia que pone en evidencia el discurso: que la paz es nuestra única forma de solución. 

Hoy más que nunca, los estudiantes necesitan certidumbre, espacios seguros, predecibles, con adultos que transmitan calma y certeza pero por sobre todo que enseñen límites, porque el límite es una forma de protección y cuidado, y un elemento central del proceso formativo. Ese es nuestro compromiso: enseñarles un modo pacífico de convivir, y con ética del bien común. 

¿Qué significa ese compromiso en la práctica?

Ahí está nuestro sello. No es solo una declaración de buenas intenciones, es práctica, es trabajo diario, planificación de hitos y seguimiento de objetivos. Mantenemos una estructura y un ritmo anual que permite sostener la buena convivencia con experiencias concretas. Desde nuestro rol preventivo y formativo tenemos apadrinamientos entre niveles, proyectos colaborativos casa-colegio,  jornadas de curso desde 1° básico a IV° medio orientadas al vínculo y al sentido de comunidad, Encuentro de Otoño en enseñanza media, entre muchos hitos que forman parte de nuestro Plan de Gestión de Convivencia que pueden encontrar en nuestra web. Trabajamos el desarrollo socioemocional en clases de Orientación desde Playgroup. Y en nuestro rol resolutivo y reactivo, promovemos una resolución pacífica, respetuosa, conciliadora y reparadora. 

Pero también hay algo que no siempre se ve y que es profundamente protector: la rutina bien conducida. Una clase con propósito claro, un profesor contento y con buena disposición, una clase alegre, un saludo al llegar, la forma en que resolvemos un desacuerdo. Son esas decisiones cotidianas, repetidas, las que construyen una cultura.

¿Qué rol juega el Reglamento Interno de Convivencia Escolar en todo esto?

Un rol central.  Piensen que nuestra comunidad se conforma de más de 900 familias y 80 funcionarios. Todos con estilos, criterios y formas de convivir diferentes pero con un objetivo común “educar a nuestros estudiantes”. El RICE es una guía que nos da claridad: qué se espera de cada miembro de esta comunidad, cómo se abordan los conflictos, cuáles son las responsabilidades de cada parte, mediante qué procedimiento se resuelve una situación. En momentos de incertidumbre, las personas necesitan marcos claros. El RICE cumple exactamente esa función: ordena, unifica criterios y entrega certezas. Es una fuente de confianza para los estudiantes, para las familias y para el equipo docente. 

¿Y cuál es el rol de las familias?

Las familias son el pilar. No un complemento: el pilar. Los padres y madres son los primeros y principales formadores de sus hijos en materias valóricas. Lo que un niño aprende en su hogar —cómo se resuelven los conflictos, cómo se habla del otro, cómo se reacciona ante la frustración— es la base sobre la que nosotros construimos.

Por eso hacemos un llamado muy directo a los apoderados: a asumir con seguridad y compromiso su rol como modelos. Los hijos observan a sus padres y la relación que ellos cultivan con el colegio. Cuando un padre o madre manifiesta compromiso con el colegio, valida al profesor y a la institución en su rol formador, es exigente en el cumplimiento de la norma, promueve la autonomía en su hijo y lo deja resolver, y se comunica respetuosamente con todos los miembros del colegio, todo se hace más fácil, porque el estudiante ve coherencia en el proceso formativo.  Formar no es sólo corregir y decir, también es educar a través del ejemplo.

Con el tiempo, me doy cuenta que cada vez la familia está más comprometida con el proyecto Akros, porque ve consistencia en el tiempo, interés genuino del colegio por el desarrollo de sus hijos, y comprende que unidos logramos mejores resultados. Eso es muy gratificante. 

¿Qué mensaje le darías a la comunidad Akros?

Que nos creamos el cuento. Somos una comunidad muy sólida. Hemos construido una cultura de buena convivencia y buenos resultados en distintas dimensiones, lo cual no ha surgido de la nada, sino del compromiso y trabajo de todos: profesores, estudiantes, familias, funcionarios en general. Y eso hay que cuidarlo, porque como digo siempre, la convivencia es dinámica y requiere del aporte diario de cada uno de nosotros. 

Y por último y lo digo muy enserio, me siento orgullosa de ser parte de esta comunidad, porque se respira buen ambiente, porque las cosas se hacen bien, porque siempre estamos buscando formas de hacerlo mejor, porque hay convicción y seguridad en el quehacer, un norte muy claro. Eso permite avanzar con paso firme. Y por sobre todo porque se pone siempre al centro el bienestar de nuestros estudiantes y nuestra comunidad en general. 

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